Descripción
CIUDAD DE MÉXICO 08/03/2022
Esperancita, sí, como la Esperanza.
Jubilación, se dice que cuando se llega a la etapa en donde la vida laboral finaliza,la vida cambia y ésta debe resignarse a descansar; sin embargo esto es diferente para quién se vuelve ama de casa a los 77 años, tras haber padecido una enfermedad respiratoria a los 75 años la vida de oficina tuvo que llegar a su fin para Esperanza “Esperancita”.
Su hogar se convirtió en su oficina en donde todos los días hay algo nuevo que hacer sin salir de la misma, todas las mañanas la primera actividad a realizar es trapear el suelo pues aseguró que “todos los días mis nietas e hijas, entran y salen ¿cómo no se ha de ensuciar el piso?”, pareciera ser una actividad sencilla pues solo se necesita un trapeador o jerga y una cubeta con agua y jabón, pero, algo tan sencillo se puede volver lo contrario cuando aquellas manos ágiles comienzan a alentarse; regar las plantas, lavar la ropa, hacer la comida, lavar los trastes, entre otras actividades son parte de su rutina y de su labor por mantener la casa donde creció y en la cual ahora ve crecer a sus nietas.
Ser ama de casa debería ser valorado con el mismo valor que quien todos los días de ocho a ocho pasa su vista frente a un computador, ambos son labores que requieren atención y responsabilidad, las mujeres que son amas de casa de cualquier edad, son mujeres que desde dentro están contribuyendo gradualmente a el futuro de quienes viven con ellas. Ser una persona de la tercera edad y estar jubilada no es sinónimo de que su vida deba volverse inactiva por no ser capaz de realizar lo que se considera como importante para la sociedad, se es mujer toda la vida pero también se es funcional si se da la oportunidad.