














Descripción
Nicolás Paredes, originario de Apizaco, encontró en la música andina una manera de salir adelante en los días difíciles, cuando el dinero escaseaba.
Por ello, al no ser fácil conseguir este tipo de instrumentos, decidió elaborar su propia flauta de pan, con la que hoy interpreta melodías como Aleluya y otras piezas que despiertan recuerdos, nostalgia y tranquilidad.
Casi siempre se le puede ver en Tlaxcala capital, al lado de una tienda de telas, donde su música consigue que las personas se detengan por un momento a escuchar.
Cada nota que sale de su flauta deja algo más que sonido: deja una emoción que acompaña en silencio a quienes siguen su camino y recuerda a la música clásica interpretada con este instrumento.